EL BANCO Todo este tiempo, sentado en un banco agrietado por la soledad, había estado pensando en ella. Me fascina esa persona, tan fugaz en sus reacciones malas, tan turbia en su mirada fija. ¿Por qué se tuvo que ir a ese pueblo en medio de la nada? La verdad es que, sentado aquí, apoyando mi codo en un sorprendente y esponjoso reposa-brazos, miraba al pasado con melancolía. Yo la amaba, pero había algo más. Al momento, me tuve que levantar del banco y la niebla se esparció a lo largo y ancho de mi entorno. Mi mente se sintió libre, liberada de un peso, huida de mi confort. Mi corazón se vino arriba, una sensación de vértigo recorrió mis entrañas. Tenía que escapar de ese lugar. En un afán por volver a la normalidad, mis pasos se dirigieron en el sentido contrario del banco. Yo quería correr pero no podía... ¿Acaso debería vaciar mis bolsillos? Mi mano izquierda se metió en ese bolsillo que tenía que liberarse. Pero mis dedos sintieron un vacío excesivo,...
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